lunes, 16 de octubre de 2017

EL WHATS APP Y SUS NEUROSIS: NUEVAS DESESPERACIONES EN LA VIDA MODERNA

Imagen de pixabay, por geralt

A veces, viendo los problemas que generan las comunicaciones electrónicas me he preguntado si los sistemas de mensajería modernos como el Whats app y similares nos ayudan o perjudican en nuestra salud mental…

La comunicación entre seres humanos puede ser un regalo de la vida y una oportunidad de aprender y de querer a los demás, pero, cuando ésta se altera, puede ser fuente de gran sufrimiento en diversos momentos de la vida.

En nuestros tiempo, las virtudes y las dificultades de la comunicación tienen un nuevo ámbito de experiencias: las comunicaciones electrónicas, en las que tomaré como referencia el uso del Whats app y las situaciones difíciles que se pueden dar en el mismo.

Por un lado está esa especie de magia de la comunicación inmediata con personas que físicamente no están, y la posibilidad de nuevos lenguajes y expresiones por ejemplo con los diversos usos y combinaciones que pueden dar los emoticonos. Aunque también dudo de si el uso excesivo de emoticonos no nos estará catapultando a un lenguaje más pueril o cavernícola. Quizás requieren menos esfuerzo cognitivo, a la vez que facilitan la expresión de diversas emociones, pero también pueden hacernos perezosos a la hora de expresarnos con palabras de una forma más sutil…

Por otro lado están todos los conflictos, discusiones, angustias, etc. que pueden derivar de una conversación de Whats app. Estos son algunos ejemplos, a los que añado ideas de manejo de situaciones incómodas en ese tipo de comunicación, con modales mínimos que hagan que la ética y el respeto a otro también sean tenidos en cuenta:

-       A veces, al no percibirse el tono emocional de una frase, puede parecer más negativa o agresiva o indiferente de lo que realmente es. Por eso mejor, antes de reaccionar con sensación de ofensa, reflexionemos, respiremos y esperemos antes de decir lo primero que nos viene a la mente. Si la emoción interfiere, por respeto mejor digamos a otro que responderemos más tarde, cuando estemos más calmados. Cuando leemos un texto escrito estando calmados es más posible que captemos que no es tan negativo como cuando lo leímos estando mal.

-       La no respuesta después de percatarnos de que alguien ha leído nuestro mensaje (el famoso doble check azul) y de que ni si quiera dice que nos responderá más tarde. Antes de empezar a pensar que el otro es alguien desaprensivo y maleducado, que está enfadado o que le somos indiferentes podemos aprovechar la espera para entrenar la paciencia y plantearnos hipótesis alternativas ante esa no respuesta. Es posible que alguien lea algo que hemos mandado y que no pueda responder inmediatamente o que simplemente quiera pensar la respuesta más adecuada. También, si estamos al otro lado, quizás sea más cuidadoso con el otro decirle que le respondemos más tarde.

-       O cuando alguien nos despide, argumentando que está ocupado con una tarea laboral o de otro tipo, y vemos que sigue en línea mucho más tiempo… Obviamente no podemos decirle “sé que estás en línea y que no quieres hablar conmigo”… La mejor opción es pensar que hay alguna razón por la que esa persona mantiene la comunicación con alguien y que ha podido poner una excusa falsa, para no decirnos directamente que en ese momento tiene una prioridad y no quiere hablar con nosotros, por el momento. Cuidado con empezar a pensar en que el otro es un mentiroso, que no nos quiere, que cualquier conversación es más importante para él. Pues aunque así fuera estaría en su derecho de dedicarse a lo que le parezca, y por otra parte, no tenemos la capacidad para leer el pensamiento de nadie. Suponer sobre lo que no sabemos no sirve para nada más que para enfadarnos sin saber qué pasa realmente. Puede ser una oportunidad para respetar el espacio del otro, aunque sus mentiras y excusas puedan hacernos sentir mal o provocar enfado. Quizás es una oportunidad para tener más comprensión de que el otro no siempre está disponible, pero también para ver lo mal que maneja la comunicación… nos siente como nos siente (obviamente tenemos derecho a sentirnos mal ante lo que no entendemos).

-        También está la sensación súbita de desconcierto que puede generar el corte brusco de una conversación que uno no siente finalizada y quizás el otro sí.  A veces parece que un diálogo acaba en monólogo y eso puede activar los resortes inconscientes de sentir que algo no va bien… Nuevamente el ponernos en el lugar del otro, el pensar que no es que esté furibundo al otro lado o lanzándonos maldiciones o castigándonos con el silencio. Quizás está ocupado, distraído o no se ha dado cuenta de que le queríamos decir algo más. Y si estamos al otro lado ¿qué tal si nos despedimos cuando queramos concluir una comunicación de este tipo para no generar desconcierto al otro lado? También puede ser oportuno preguntar si al otro le ha pasado algo o decir, de forma respetuosa que se tiene la sensación de que la conversación se ha quedado incompleta.

-       El que se pretenda que el que está al otro lado capte una necesidad o idea concreta sólo por escribirla, con el malestar correspondiente si no ha sido así. Lo que podemos hacer en este caso es aprender a decir con claridad qué queremos exactamente y verificar que la otra persona lo ha captado. Mejor no enfadarse porque el otro no capte algo que queríamos decir y en caso de que veamos que queremos manifestar o pedir algo más complejo, mejor llamar o verse personalmente. Si tenemos algo serio o complejo que decir siempre es mucho mejor verse personalmente con la otra persona explicitando que se quiere hablar de algún tema que es importante para uno.

-       La desinhibición que a algunos les supone el no tener delante a otra persona y soltar cualquier cosa que pase por la cabeza sin captar el contexto del otro. Si nos vemos en una de estas ¿por qué no reflexionar acerca de las consecuencias de alguna comunicación impulsiva? ¿por qué no pensar un poco antes de lanzar cualquier idea difícil pensando cómo nos sentiríamos si alguien nos escribiera algo en ese tono o de esa manera? Aquí nuevamente la empatía, el respeto y la consideración me parecen buenas ideas.

-       Las escaladas de tensión absurdas que se pueden dar en algunas conversaciones de whats app por acumulación de algunos de los factores previos. En estos casos, si vemos que la cosa se está poniendo tensa es mejor manifestar el deseo de que es mejor retomar la conversación cuando se esté más calmado y preferentemente en persona. Los conflictos que se pretenden resolver por mensajes tienden a aumentar, no a disminuir. La comunicación electrónica no es la mejor manera de resolver un problema de relación pues se presta a numerosos malentendidos.

Quizás el mundo de la comunicación electrónica está aún asilvestrado y ahí ni se aplican los criterios de ética y de educación de una conversación normal, como saludar, despedirse, decir ahora no puedo atenderte y luego respondo, etc.


Quizás también ante la inmediatez de todo no toleremos la frustración, no tengamos paciencia, ni entendamos que el otro tiene otro ritmo que ha de ser respetado, que tiene sus dificultades personales que se manifiestan en su estilo de comunicación y, por otra parte, que no pasa nada si en algún momento no somos el centro del universo… y nos centramos en algo que nos ayude a sentirnos mejor y dependa de nosotros mismos, en la realidad del presente en la que estemos inmersos, lo sepamos o no…

También considero importante ser respetuosos y claros en las comunicaciones electrónicas, pues el que está al otro lado puede sufrir innecesariamente. Puede ser bastante constructivo esforzarnos un poquito más, así ahorraremos malos momentos al otro y a nosotros mismos de rebote...

Imagen de pixabay, por geralt

sábado, 9 de septiembre de 2017

EMPATÍA Y SENSIBILIDAD. UNA REFLEXIÓN SOBRE EL RESPETO A LOS “RAROS”

Cuadro de John William Whaterhouse: "Circe"

Es fácil hablar de respeto, empatía y de diálogo, pero más difícil es practicar todo esto de manera congruente. Estos son ámbitos de la vida en los que el aprendizaje ha de ser constante, pues con cada ser humano que encontramos tenemos la oportunidad de poner a prueba estas capacidades y de seguir aprendiendo al ver nuestras limitaciones humanas.

Vamos avanzando en el sentido de que hoy en día se fomenta más el respeto al diferente, aprendemos  habilidades sociales (a veces lamentablemente para manipular más a los demás), comunicación no violenta, sabemos de la importancia del diálogo, etc. No obstante, aún estamos muy limitados en estos temas y especialmente en lo que respecta acerca de comprender a otros, a la vista de  que son muchas personas que acuden a consultas de psicoterapias por vulneración de sus derechos básicos, uno de los cuales considero que habría de ser el derecho a ser respetado en la propia sensibilidad (siempre y cuando esa sensibilidad no sea un egocentrismo victimista que se use para manipular a otros).

Por más que veo ese énfasis en considerar el respeto a los diferentes, a los débiles, etc., veo que aún necesitamos aprender mucho a darnos cuenta de que el otro es otro y de que para poder respetarle en su sensibilidad es necesario hacer un esfuerzo de empatía más allá de la propia mirada, más allá de lo que a mí me parezca que es o no normal. Igual lo que fallaría es la propia perspectiva, cuando no entendemos a alguien y no el otro en su propia rareza…

Es cierto que se está haciendo visible la realidad de quienes son diferentes, incluso en el caso de los sensibles a quienes se ha denominado “personas altamente sensibles” (PAS). Una mayor sensibilización y comprensión de esta realidad puede hacer que al menos estas personas se comprendan y acepten mejor  y que aprendan a poner límites sin sentirse culpables por ser diferentes.

El problema es que los no sensibles o los que tienen otro tipo de sensibilidad parecen seguir sin enterarse demasiado. A lo que podemos añadir el problema de que la alta sensibilidad se pueda esgrimir como una identidad “especial” para usar su propia sensibilidad como arma arrojadiza con quien sea diferente a  los sensibles, o bien que las personas demasiado susceptibles se escuden en que son “personas altamente sensibles”, lo que conllevaría que el mundo habría de adaptarse a ellos, en una modalidad más de egocentrismo narcisista.

El trabajo de la tolerancia y comprensión ha de ser un trabajo de las partes, todos tenemos algún tipo de sensibilidad, mayor o menor. Todos somos diferentes a otros en algunos puntos, aunque algunos seamos más diferentes que otros. Los altamente sensibles también han de comprender y respetar que los demás son diferentes, al igual que quienes no sean tan sensibles… Unos y otros hemos de relacionarnos entendiendo al otro, respetando, escuchando y evitando burlas o comentarios degradantes hacia quien se sienta de otra manera. Los raros tienen derecho a ser raros siempre y cuando su rareza no dañe u ofenda la sensibilidad de otros.

En la vida cotidiana seguramente muchos hemos recibido comentarios burlones o  ninguneantes, o excesivamente críticos cuando nos hemos sentido de forma diferente a como se sienten los demás miembros de un grupo que se consideran los "normales", o bien cuando algo nos ha resultado incómodo, molesto o forzado, o cuando simplemente mostramos otro punto de vista. Incluso a veces sucede en el mundo de la psicoterapia y de las relaciones de ayuda, que se supone que ha de ser un mundo seguro y acogedor y respetuoso con las diferentes sensibilidades, vemos que a veces resulta árido para quienes se sienten de otra forma… Algunos ejemplos son los testimonios de personas más introvertidas que se han sentido invadidos o incómodos en grupos de hiper expresión emocional, que han podido vivir con malestar el hecho de tener que expresar sus sentimientos a desconocidos o se han forzado a dar abrazos a quienes no conocen, en ciertas dinámicas de grupo. Siendo luego criticados, objeto de burlas o de comentarios negativos por no saber “acoger”, “relacionarse”, “comunicarse” o incluso “querer” a otros. Por no hablar de que han sido vistos como sospechosos de padecer algún trastorno mental por su diferente sensibilidad en la expresión emocional, por su introversión o su diferente forma de ser y de sentir… Creo que aún nos falta por aprender a ser más cuidadosos en los grupos, en los encuentros interpersonales o en las relaciones de cualquier tipo a la sensibilidad distinta y es importante darnos cuenta de que cualquier cosa forzada puede ser una vulneración de los derechos de otro ser humano, incluso aunque sólo sea un comentario burlón o una crítica aparentemente inocente ante otra forma de vivir o de sentir las cosas. A esto se añade la importancia de tomar consciencia de que aunque a veces se trate de sensibilidades distintas, en otras ocasiones el forzar la comunicación grupal, los abrazos o el happening emocional puede llegar a retraumatizar a algunas personas con ciertas heridas emocionales (por ejemplo, quienes han sufrido abusos sexuales pueden sufrir mucho por un acercamiento físico no deseado, o no consentido, que puede reactivar la sintomatología traumática).

Seamos cuidadosos y observadores de los diferentes estilos relacionales y comunicacionales,  entendamos que otros tienen sensibilidades diferentes y observemos y preguntemos ante quienes tenemos delante cuando no les entendamos, especialmente ante lo que les perturba o lo que les hace sufrir. Nadie es culpable de ser como es… Las dificultades no se superan forzando, obligando o criticando a quien siente de una manera distinta. No podemos empujar a entrar en ciertas dinámicas a quien no quiere hacerlo y menos si previamente no ha sido informado y aún menos forzarlas o imponerlas con una aparente normalidad y cordialidad, y buen rollismo dentro de estrategias que a veces incluso resultan un tanto manipuladoras y que más bien refuerzan el ego del que lleva el grupo o de quienes comparten una determinada forma de relacionarse. Imponer una dinámica o actividad sin previa información, culpabilizando o simplemente induciendo, puede ser una vulneración de derechos fundamentales y sobre todo una falta de respeto al alma de otra persona. Si somos terapeutas grupales o docentes y alguna vez alguna persona no quiere participar o alguna dinámica le resulta molesta dejemos el espacio para que esa persona se sienta respetada, cuidada y para que con libertad se exprese desde la acción y desde el silencio.

El respeto a las diferentes sensibilidades más bien enriquece que empobrece y nos saca del empeño en la “normalización” y homogeneización que a veces, desde mi punto de vista erróneamente, se llega a tener en algunas dinámicas de terapia, encuentro, socialización, etc.

Raro no es sinónimo de patológico, peligroso, amenaza, etc. En realidad, en lo más profundo de nosotros todos somos diferentes y raros, la cuestión es darnos cuenta y aceptarnos como somos para así poder asumir y aceptar la rareza de los demás y actuar de una forma respetuosa y consciente. Cada ser humano es único e irrepetible y cada alma humana es un espacio sagrado que ha de ser respetado en su propio ser y estar.

Cuadro de John William Whaterhouse: "Ophelia"



miércoles, 28 de junio de 2017

¿CUÁNDO NO SE DEBE MEDITAR? CONTRAINDICACIONES DE LA MEDITACIÓN


Max Ernst, Grätenwald, 1926

La meditación se está convirtiendo en un fenómeno de masas. Es raro quien hoy en día no ha oído hablar de la meditación o no ha hecho algún tipo de práctica meditativa.

La mayoría de las personas que conozco que hacen meditación la practican para su bienestar psicológico, para estar tranquilos, relajados o centrados. En otros casos la meditación forma parte de algún tipo de práctica espiritual o de un proceso de crecimiento personal o de autoconocimiento. No obstante, no es raro encontrar a personas que están en contra de cualquier planteamiento religioso y/o espiritual, que son fieles devotas de la práctica meditativa. 

Por otra parte, son numerosos los estudios en los que se defienden los beneficios de la meditación, aunque no todos son suficientemente rigurosos. Los estudios más serios nos muestran que la meditación puede beneficiar la salud mental, en algunos casos (sobre todo para prevenir recaídas de la depresión) y servir de tratamiento complementario a la psicoterapia en otros. En este link tenéis una interesante revisión crítica sobre el tema: https://www.researchgate.net/publication/309475612_What_is_mindfulness-based_therapy_good_for 

De lo que hay pocos trabajos es sobre los riesgos o dificultades asociados a la práctica de la meditación, aunque los grandes maestros de las grandes tradiciones ya han señalado desde hace muchos siglos, que la meditación puede tener algunos riesgos, generar malestar, removernos internamente o ponernos a prueba… Como decía un colega “un método poderoso puede ser también peligroso”. 

La meditación puede ayudarnos, siempre y cuando ésta sea enseñada por un guía experimentado y se aplique en un momento adecuado. La meditación no es una psicoterapia, pues no fue diseñada como tal, y siempre ha formado parte de un programa más completo de evolución personal. Es decir, ha estado conectada con el cultivo de la sabiduría (estudiar, pensar, etc.) y con la práctica de la ética. Si no es así, también hay numerosos ejemplos de cómo se puede usar al servicio de intereses egoístas (como podemos comprobar con toda la moda del McMindfulness en las grandes empresas o de personas que quieren aumentar su poder mental, pero no tener en cuenta a su prójimo). 

Pero la meditación también nos puede hacer sentir mal, pues el mirar adentro puede mostrarnos nuestras limitaciones, contradicciones, fantasmas, etc. Algo muy saludable si estamos dispuestos a hacer un camino de profundización y de autoconocimiento, pero perjudicial si no sabemos realizar el camino de forma adecuada. Ya me extendí en un post anterior sobre los efectos adversos de la meditación: http://maribelium.blogspot.com.es/2014/10/puede-producir-la-meditacion-efectos.html?q=meditación

En este post, sobre todo, quiero poner de relieve la importancia de NO HACER MEDITACIÓN si estamos en alguna de las situaciones siguientes, ya que, en estos casos, puede empeorar nuestro estado psíquico. Es decir, estas serían las principales CONTRAINDICACIONES DE LA MEDITACIÓN:

- Estar en un momento de duelo que genere intenso sufrimiento. Esto lo podemos ver especialmente en las primeras etapas de un duelo. En estos casos la meditación nos puede hacer sentir más intensamente el sufrimiento y desajustarnos psíquicamente. En casos de meditadores avanzados sí podría ser de ayuda, pero adaptando la práctica al proceso que se está viviendo.

- Estar atravesando una crisis personal que genere síntomas como ansiedad, excesiva tristeza, insomnio, síntomas psicosomáticos intensos y otros que interfieran significativamente con nuestra vida diaria. Puedo decir lo mismo de meditadores avanzados, que en el caso anterior.

- Tener ataques de pánico (también llamados crisis de ansiedad).

- Tener antecedentes de episodios psicóticos: por ejemplo dentro de un trastorno de la personalidad, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo, psicosis reactiva breve, etc. En los casos que se tenga un diagnóstico de trastorno de personalidad, se puede hacer meditación en algunos casos, pero es fundamental que la práctica de la meditación sea orientada por un profesional de la salud mental, y en paralelo con un proceso de terapia.

- Trastornos de la personalidad: Estaría especialmente contraindicada en personalidades esquizoides, esquizotípicas y paranoides. En el trastorno límite de la personalidad se puede aplicar mindfulness con estricta supervisión terapéutica y con profesionales de la salud mental experimentados en aplicar meditación a este tipo de pacientes. En casos de trastorno narcisista de la personalidad o personas con importantes rasgos narcisistas, pueden intensificarse estos rasgos.

- Haber sido diagnosticado de un trastorno disociativo, pues la meditación puede aumentar la disociación. 

- Haber sido diagnosticado de un trastorno somatoforme: hipocondriasis o síntomas graves des somatización.

- Trastorno de estrés agudo: las semanas posteriores a una situación traumática, la meditación puede aumentar la sintomatología y el sufrimiento. La excepción pueden ser meditadores experimentados que saben manejar las emociones difíciles con la meditación. 

- Trastorno de estrés postraumático: en algunos casos la meditación puede intensificar los síntomas o reactivarlos. Es importante la supervisión de un profesional de la salud mental en estos casos y que se apliquen técnicas específicas adecuadas a la persona y a este tipo de trastorno.

- Como única terapia cuando hay dificultades psicológicas: algunas personas confunden meditación con psicoterapia y creen que la meditación les puede “sanar”. En estos casos lo más probable es que la meditación empeore su estado, incluso aunque se disfrace de mejoría porque produzca algún estado de relajación y de bienestar.

- Meditar con un guía poco experimentado o sectario: muchas personas enseñan meditación sin un recorrido serio previo, o sin suficientes conocimientos. Llevan a otros por territorios desconocidos para ellos mismos, pues cada vez son más frecuentes las titulaciones de meditación, sin exigirse una base adecuada o una suficiente práctica y experimentación. En este tema, es fundamental que quien nos guía tenga años de práctica en el camino de la meditación, muestre unos mínimos de equilibrio psíquico, humildad y sentido común. En los casos en los que haya diagnóstico psiquiátrico es preferible hacer la práctica con un profesional de la salud mental, también experimentado en el tema.

En caso de duda, si queremos meditar, mejor consultar con un profesional de la salud mental que también sepa sobre meditación y/o con un maestro que tenga amplia experiencia en el tema. También es importante señalar que según el tipo de meditación, tendrá más o menos riesgos o más o menos beneficios según el momento personal, etapa del camino, etc.

viernes, 23 de junio de 2017

¿QUÉ LE PASA A UN NARCISISTA?

Imagen de Pixabay (cristinaureta)

Vivimos, en una sociedad narcisista y en nuestro mundo actual sufrimos una auténtica epidemia de narcisismo, de la que ya vemos diversos efectos en las relaciones interpersonales, dinámicas sociales, etc.

De ahí que sean cada vez más frecuentes diversas publicaciones en revistas, periódicos, internet, libros, etc. sobre cómo son los narcisistas, sus relaciones, sus dinámicas laborales, etc. En casi todas ellas se señala con el dedo a los narcisistas como si fuesen las causantes de todos los males de nuestra civilización, desde una perspectiva negativa y pocas veces con empatía hacia ellos, a pesar de que se dice que son personas dañadas, vacías, etc. De hecho, en algunos casos hasta se podría decir que se dan insultos y ataques muy explícitos y directos, tratándoseles como si no fueran personas.

Con lo que digo no pretendo entrar en una argumentación justificatoria de sus acciones, ni en una empatía que nos haga perder la perspectiva, hasta el punto de no marcarles límites o de no mostrarles alguna verdad acerca de sí mismos… Pero sí quiero hacer un acercamiento empático, para intentar aproximarme un poco a lo que pueden vivir por dentro y poder entender el por qué llegan a comportarse como se comportan. Quizás así sea más fácil la comprensión objetiva de un fenómeno difícil de comprender y que corremos el riesgo de abordar también narcisistamente… es decir cosificando y etiquetando, para después desechar a quien no nos sirve para nuestra propia satisfacción.

Así que… ¿qué le pasa a un narcisista? De entrada añadiré el calificativo de persona, diciendo ¿qué le pasa a una persona narcisista? No olvidemos que son personas, aunque caigan en la cosificación de sí mismos, tal y como hacen con los demás. El etiquetaje de su persona globalmente como “narcisista” solamente puede empañar más la visión clara de quién es aquél que padece narcisismo. Tampoco olvidemos que todo ser humano se puede comportar en algún momento narcisistamente, así que el narcisismo es algo que forma, seguramente, parte de nuestra sombra y que no podemos solamente ver en los demás. Pensemos también en nuestro/a narcisista interior. Es decir, la parte de nosotros que puede pecar, en algún momento, de narcisismo.

Recordemos que alguien narcisista ha nacido como todo el mundo, ha sido bebé, niño, adolescente, etc. Es decir, ha nacido persona… y después parece haber perdido algo en el camino. Algo fundamental, la consciencia profunda y real de ser alguien sólido y valioso... Se ha convertido en “cosa” para el uso y disfrute de otros y para también usar y disfrutar de otros, que se convierten en cosas. De este modo puede vivir en la ficción de que es querido, sin ser consciente de que “se quiere” al falso “personaje” que despliega ante los otros. Esta es una de las acusaciones que hacemos habitualmente a las personas narcisistas, sin darnos cuenta de que el mecanismo que usa de ser “personaje” no es ni intencionado ni consciente, si no un mecanismo de pura supervivencia, con la sensación de que le va la vida en ello, desde su más tierna infancia, quizás por ser cosificado y “usado” por padres que narcisistamente le han utilizado para a su vez alimentar sus propios “personajes”, también inconscientemente. Ciegos guiando a otros ciegos… 

Para entender todas estas dinámicas que llevan a que las personas se despersonalicen narcisistamente, hace falta salirse un poco del cuadro y tomar más perspectiva… Por un lado para tomar la suficiente distancia para no ser “usados” por ellos, por otro para comprender mejor y volver a acercarnos con la suficiente consciencia para lidiar con un mal que padecen, sin entrar en un rol de víctimas o de salvadores. Sin dejar que su potente juego de sugestión nos meta en el rol que les complementa y satisface... algo en lo que se muestran especialmente hábiles.

También me gustaría parar a analizar alguna de sus “difíciles” dinámicas, por si a alguien le sirve para reflexionar:

- Seducción y afán de protagonismo: las personas narcisistas necesitan “fans” para alimentar una identidad que no saben que es falsa. Viven en la ilusión de que son el “personaje” que venden a los demás es su vida y de que su supervivencia (es cuestión de vida o muerte), depende de que los demás se sientan satisfechos con el rol que representan y les “quieran”. Pero en el fondo esto no les satisface más que momentáneamente, pues en lo más profundo de sí mismos, “saben” que el amor que consiguen no es a su ser real, sino a la máscara que representan para agradar a los demás, con la sensación de que nadie les acaba de llenar y de que ninguna adulación es suficiente. No saben que les falta la verdad sobre sí mismos, les falta ser ellos mismos realmente. Pero como están desconectados de su ser real no lo saben y siguen buscando quienes son en lo que los demás les dicen, sin darse cuenta de que la respuesta está fundamentalmente dentro de ellos.

Imagen de Pixabay (Eirena)

- Refuerzo intermitente: es una de las dinámicas que realizan en la que dan señales positivas a los demás, por ejemplo adulan, estimulan, animan se muestran receptivos, pero de repente ¡zas! ¡no están! Esto suele dejar bastante desconcertados a quienes se relacionan con ellos, e incluso ser doloroso para quienes padecen alguna herida de abandono, que pueden sentir que han hecho algo que merece ese castigo y entran en un gran desconcierto y ansiedad (si hay alguna predisposición a ello). En estos casos, las personas inseguras se culpan y las más seguras se pueden dar cuenta de que el otro tiene una conducta extraña e incomprensible, sin engancharse… Pero ¿qué le pasa a la persona narcisista cuando desaparece después de ser tan amable y encantador? Pues posible que a veces se canse esa de esa escenificación constante. No es posible sostener un papel todo el tiempo. Algunos así lo dicen. Otros se sienten en un momento de fracaso, al no haber encontrado la aprobación esperada y se deprimen y llegan incluso a una sensación de no existencia. Otras veces súbitamente se pone de manifiesto ese gran vacío e inconsistencia que prefieren que nadie vea y prefieren esconderse, a pesar de lo desconcertante que es una soledad en la que no tienen espejos que les digan que son los más bonitos y que existen. A veces, cuando desaparecen, están en un estado tan lamentable que prefieren no ser vistos por si son reconocidos como un fraude y se cae, literalmente, su identidad (falsa, pero para ellos real) y su vida.

- Sentimientos de grandiosidad o de superioridad: es el personaje en el que necesitan creer para tapar su gran vacío de yo. No se ven a sí mismos y al “percibir” su no existencia necesitan crear un dios en sí mismo que les sostenga. Es una compensación de un gran vacío y complejo de inferioridad, a través de la aparente superioridad y grandiosidad. Detrás de la máscara tendremos a un niño asustado y perdido que busca que le quieran porque hace muy bien lo que cree que quieren los demás.

- Intolerancia a la crítica, con enfados desproporcionados ante la misma: como en el fondo su yo es muy frágil, una crítica es una gran amenaza para sostener un montaje falso, y nuevamente pueden caer en el vacío de la no existencia, siendo un estado que es de lo peor que pueden sentir. También les enfada que el “espejo” (quien les critica) que les ha de devolver una imagen positiva de sí mismos no funcione, y en lugar de cuestionarse a sí mismos, dado que hay poco de sí mismos real en el “personaje” (al menos a nivel consciente) , el mecanismo automático e infantil es enfadarse con el “espejo” que no transmite la imagen adecuada que les sostiene para poder vivir.

- Falta de compromiso: para comprometerse con algo es necesario existir previamente y ser consistentes y maduros, algo de lo que carecen…

- Falta de conexión real con los demás y falta de empatía: al no estar en conexión con ellos mismos y al carecer de empatía y sensibilidad hacia ellos mismos, es imposible o muy difícil que puedan hacerlo con los demás.

- Explotación de otros: no ven realmente a otros y dado que permanentemente se explotan a sí mismos obligándose a cumplir un rol con el que están esclavizados, ven normal explotar a otros. Esto también está unido al hecho de que no se ven a sí mismos y por lo tanto tampoco al otro, y si ven algo del otro es que es ese alguien es una “cosa” al servicio de mantener su supervivencia y sus planes. Su perspectiva tan egocéntrica les impide ver más allá de sus propios deseos de supervivencia y de grandeza, en el autoengaño permanente de que sus proyectos son lo más importante del mundo (su mundo, no ven otro mundo) y de que el fin justifica cualquier medio. El otro es un apéndice de ese “personaje” interior que les subyuga, así que el otro debe seguirles el baile, porque si no dejarían de “existir” y su dios de barro se caería.

Con respecto a lo dicho, creo que es importante comprender las dinámicas que hay detrás de los comportamientos inadecuados de este tipo de personas. No por señalarles con el dedo y humillarles, sino por entender la gran herida de amor y de existencia que subyace a quienes padecen estas dinámicas. Pero también evitando ser sus salvadores y marcando los límites ante sus conductas abusivas, sin perder la perspectiva de que como seres humanos que son merecen ser amados en su ser real. En ellos también existe un ser valioso que fue “secuestrado” o que nunca pudo encontrarse a sí mismo, por ejemplo por las dinámicas narcisistas familiares que le impidieron ver quién era. Esta situación se puede dar tanto por una excesiva exigencia como por una excesiva permisividad, lo que suele llevar a un potente engaño acerca de su verdadera identidad y a una no consciencia de que también tienen derecho a que su ser real se manifieste y reciba un amor auténtico desde su libertad y la de otros, para llegar a la autoestima, que como todo el mundo merecen. Y que también merecen los demás que les rodean y que lamentablemente, sufren las consecuencias de sus heridas. 

Recordemos, por si ayuda, que son niños perdidos que necesitan encontrar el camino a casa. Su casa es su ser real y su derecho a existir siendo quienes realmente son.

Imagen de Pixabay (mario0107)

jueves, 25 de mayo de 2017

¿SOMOS TODOS NARCISISTAS?




Hace unos días escuche decir a alguien: “todos somos narcisistas”. Después de escuchar esta rotunda afirmación me quedé pensando en cómo dar una respuesta adecuada a semejante idea. ¿Realmente somos todos narcisistas? En una sociedad tan narcisista como la nuestra es posible que muchas personas asientan y digan que sí… Pero considero que en esta cuestión es preciso matizar muchas cosas, que serían excesivamente extensas para las pretensiones de este post, pero sí me atreveré a señalar algunas que me parecen más relevantes.

Me parece que nuestra cultura tiende a favorecer el narcisismo por varios motivos: la sobreprotección a los niños que no les deja desarrollar una identidad madura, la ausencia de límites en la educación que no permite aprender tolerancia a la frustración, el excesivo refuerzo de la apariencia exterior y de nuestros logros, la excesiva identificación con la imagen que proyectamos hacia el exterior en parte por el constante bombardeo mediático que nos dice que somos lo que parecemos, el culto a la imagen, etc. Desde luego que estos y otros factores pueden favorecer que nuestra cultura sea una fábrica de personas, en mayor o menor medida, narcisistas. A esto añadiría que el tener padres inmaduros, inseguros y/o también narcisistas puede ser parte del caldo de cultivo que favorezca este tipo de actitudes o comportamientos.

Pero… que haya actitudes narcisistas, comportamientos narcisistas o rasgos narcisistas, en muchas personas, no significa que “todo” el mundo ES narcisista. Ser narcisista implica que uno casi todo el tiempo se comporta en modo narcisista. A esta forma de ser casi permanentemente narcisista se le llama trastorno de personalidad narcisista, con repercusiones muy negativas para el propio narcisista y para quienes se relacionan con quien lo padece. En estos casos se mantienen estables en el tiempo unos patrones de comportamiento ególatras en los que un yo, que en el fondo es muy frágil, intenta sostener una identidad ficticia que “vende” a los demás. La persona que tiene un trastorno de este tipo se comporta en casi todas las situaciones como si fuera superior a los demás (y así se cree), necesita admiración constante y es incapaz de empatizar con otros, ya que está demasiado pendiente de sí mismo… Los que son más inteligentes lo hacen de un modo tan sutil que no percibimos su teatro y nos quedamos con la impresión de estarnos relacionando con personas encantadoras y especiales, dado que pueden vender muy bien su “moto” y seducirnos con facilidad, hasta que empezamos, con el tiempo, a captar diversas incongruencias (una salida de tono inesperada, una hipersensibilidad o reacción exagerada a una crítica, el no respeto a los deseos de otro, la falta de empatía real ante las necesidades de otra persona, el no tener ninguna intención de rectificar un error o no disculparse por el mismo, etc.).

El/la narcisista está pendiente de mostrar un personaje que se empeña en representar a quienes le rodean, para seducirles. En realidad no se ve a sí mismo y por eso tampoco puede ver a los demás, ni sus necesidades, ni sus sentimientos, ni su sufrimiento, ni sus virtudes, etc. Es más, las virtudes de otro son molestas para alguien así pues le ponen de manifiesto sus propias carencias… Además, tiende a interpretar mal a los otros, les malinterpreta, ya que no es capaz de ver la perspectiva ajena.  Incluso llega sentirse molesto por las demandas de ayuda razonables de otras personas (excepto que quiera salir en la “foto”) y no tolera ningún tipo de crítica hacia él, pudiendo reaccionar ante las mismas con gran frialdad y/o hostilidad.


Otra característica importante de alguien narcisista es que está muy ocupado en sus propios proyectos personales, en los que si embarca a otros es para que sigan “lo suyo”, para sus propios objetivos de éxito, poder, etc. Su proyecto está claramente orientado desde él y para él, con poca opción de diálogo para hacer un proyecto conjunto o con algún aspecto de trabajo horizontal. En esa verticalidad veremos que tiende a la explotación interpersonal de forma recurrente, autoengañándose de tal forma que cree que hace un favor a quienes implica en sus planes. Si se agrupa con otros no es porque los otros le importen sino porque le sirven para sus fines, dado que es alguien especial. Además suele ser envidioso (pues en el fondo hay un complejo de inferioridad) o cree que son los demás quienes le envidian.

Con este tipo de personas es muy difícil relacionarse, porque no son capaces de mirar más allá de la imagen que quieren sostener de sí mismos, algo que lleva mucha energía para que no sea detectada la farsa. No son capaces de ser quienes son realmente, aunque hablen con propiedad y aparente sabiduría de autoconocimiento, etc. No se captan a sí mismos y, por ende, no pueden ver quienes son los demás. Lo curioso es que pueden embarcarse en proyectos de ayuda social, pero veremos siempre será desde discursos grandilocuentes, grandes verdades y atacando a quienes no piensan exactamente como ellos. Pueden llegar a hacer alguna actividad solidaria, pero siempre desde el sostenimiento de un personaje que quiere sentirse superior, no desde la percepción y sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Cuidado con los narcisistas que dicen estar embarcados en proyectos solidarios, con que se embarcan en grandes gestas, pero que no pueden escuchar el dolor de un vecino, amigo, compañero, etc.

Volviendo a esa la afirmación de “todos somos narcisistas”, no me parece que realmente haya tantas personas así. Todos conocemos a buenas personas, capaces de escuchar, empatizar, sentir dolor por el sufrimiento ajeno, ser capaces de responder a necesidades de otras personas, etc. Si todo el mundo fuera narcisista es posible que el mundo se viniera abajo en cualquier momento.

Quien hace una afirmación como la de “todos somos narcisistas” creo que, o bien hace una generalización excesiva a partir de alguna percepción de la realidad excesivamente susceptible al narcisismo o, quizás, desde una cierta proyección del propio narcisismo. Cuando se afirma algo tan tajantemente considero importante reflexionar acerca de lo que podemos estar proyectando de nosotros mismos en el mundo exterior, algo que todos hacemos de una u otra forma...

Otra cuestión a tener en cuenta sería lo que podemos llamar  un “narcisismo sano”, que se manifestaría, por ejemplo, en la sensación de que es agradable gustar a otros, lograr algún tipo de reconocimiento por nuestros logros y percibir que somos queridos por otras personas. Pero en el caso del narcisismo sano no se sufre cuando no se es el centro de atención, ni se busca admiración ni reconocimiento constante, y se es capaz de mirar hacia la realidad personal de otros.

Quizás en todos nosotros haya diversos grados de narcisismo sano y patológico, según los momentos. Pero otro tema es estar permanentemente en una pose narcisista que encubre grandes carencias de quien no puede mostrarse tal como es y compensa inconscientemente sus vacíos con una visión idealizada de sí mismo.

Seamos o no narcisistas, intentemos mirar más allá de nosotros mismos con humildad y veamos la realidad ajena como una realidad tan digna e importante como la propia, que también es fundamental que nos atrevamos a mirar en profundidad, para conocernos mejor. Quizás así podamos irnos vacunando de una realidad que puede ser tan dañina para muchos, tanto para quienes lo padecen como para quienes sufren el relacionarse con alguien que está tan perdido y desconectado de sí mismo… Tengamos también empatía hacia esas personas que por estar tan incompletas y dañadas necesitan ser amadas incondicionalmente, pero pongamos los límites para que esa voracidad de ser del vacío del narcisista no nos dañe. Respetemos también nuestra propia dignidad y construyamos un amor sano a nosotros mismos, para no depender del reconocimiento o la atención ajenos.