miércoles, 28 de junio de 2017

¿CUÁNDO NO SE DEBE MEDITAR? CONTRAINDICACIONES DE LA MEDITACIÓN


Max Ernst, Grätenwald, 1926

La meditación se está convirtiendo en un fenómeno de masas. Es raro quien hoy en día no ha oído hablar de la meditación o no ha hecho algún tipo de práctica meditativa.

La mayoría de las personas que conozco que hacen meditación la practican para su bienestar psicológico, para estar tranquilos, relajados o centrados. En otros casos la meditación forma parte de algún tipo de práctica espiritual o de un proceso de crecimiento personal o de autoconocimiento. No obstante, no es raro encontrar a personas que están en contra de cualquier planteamiento religioso y/o espiritual, que son fieles devotas de la práctica meditativa. 

Por otra parte, son numerosos los estudios en los que se defienden los beneficios de la meditación, aunque no todos son suficientemente rigurosos. Los estudios más serios nos muestran que la meditación puede beneficiar la salud mental, en algunos casos (sobre todo para prevenir recaídas de la depresión) y servir de tratamiento complementario a la psicoterapia en otros. En este link tenéis una interesante revisión crítica sobre el tema: https://www.researchgate.net/publication/309475612_What_is_mindfulness-based_therapy_good_for 

De lo que hay pocos trabajos es sobre los riesgos o dificultades asociados a la práctica de la meditación, aunque los grandes maestros de las grandes tradiciones ya han señalado desde hace muchos siglos, que la meditación puede tener algunos riesgos, generar malestar, removernos internamente o ponernos a prueba… Como decía un colega “un método poderoso puede ser también peligroso”. 

La meditación puede ayudarnos, siempre y cuando ésta sea enseñada por un guía experimentado y se aplique en un momento adecuado. La meditación no es una psicoterapia, pues no fue diseñada como tal, y siempre ha formado parte de un programa más completo de evolución personal. Es decir, ha estado conectada con el cultivo de la sabiduría (estudiar, pensar, etc.) y con la práctica de la ética. Si no es así, también hay numerosos ejemplos de cómo se puede usar al servicio de intereses egoístas (como podemos comprobar con toda la moda del McMindfulness en las grandes empresas o de personas que quieren aumentar su poder mental, pero no tener en cuenta a su prójimo). 

Pero la meditación también nos puede hacer sentir mal, pues el mirar adentro puede mostrarnos nuestras limitaciones, contradicciones, fantasmas, etc. Algo muy saludable si estamos dispuestos a hacer un camino de profundización y de autoconocimiento, pero perjudicial si no sabemos realizar el camino de forma adecuada. Ya me extendí en un post anterior sobre los efectos adversos de la meditación: http://maribelium.blogspot.com.es/2014/10/puede-producir-la-meditacion-efectos.html?q=meditación

En este post, sobre todo, quiero poner de relieve la importancia de NO HACER MEDITACIÓN si estamos en alguna de las situaciones siguientes, ya que, en estos casos, puede empeorar nuestro estado psíquico. Es decir, estas serían las principales CONTRAINDICACIONES DE LA MEDITACIÓN:

- Estar en un momento de duelo que genere intenso sufrimiento. Esto lo podemos ver especialmente en las primeras etapas de un duelo. En estos casos la meditación nos puede hacer sentir más intensamente el sufrimiento y desajustarnos psíquicamente. En casos de meditadores avanzados sí podría ser de ayuda, pero adaptando la práctica al proceso que se está viviendo.

- Estar atravesando una crisis personal que genere síntomas como ansiedad, excesiva tristeza, insomnio, síntomas psicosomáticos intensos y otros que interfieran significativamente con nuestra vida diaria. Puedo decir lo mismo de meditadores avanzados, que en el caso anterior.

- Tener ataques de pánico (también llamados crisis de ansiedad).

- Tener antecedentes de episodios psicóticos: por ejemplo dentro de un trastorno de la personalidad, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastorno esquizoafectivo, psicosis reactiva breve, etc. En los casos que se tenga un diagnóstico de trastorno de personalidad, se puede hacer meditación en algunos casos, pero es fundamental que la práctica de la meditación sea orientada por un profesional de la salud mental, y en paralelo con un proceso de terapia.

- Trastornos de la personalidad: Estaría especialmente contraindicada en personalidades esquizoides, esquizotípicas y paranoides. En el trastorno límite de la personalidad se puede aplicar mindfulness con estricta supervisión terapéutica y con profesionales de la salud mental experimentados en aplicar meditación a este tipo de pacientes. En casos de trastorno narcisista de la personalidad o personas con importantes rasgos narcisistas, pueden intensificarse estos rasgos.

- Haber sido diagnosticado de un trastorno disociativo, pues la meditación puede aumentar la disociación. 

- Haber sido diagnosticado de un trastorno somatoforme: hipocondriasis o síntomas graves des somatización.

- Trastorno de estrés agudo: las semanas posteriores a una situación traumática, la meditación puede aumentar la sintomatología y el sufrimiento. La excepción pueden ser meditadores experimentados que saben manejar las emociones difíciles con la meditación. 

- Trastorno de estrés postraumático: en algunos casos la meditación puede intensificar los síntomas o reactivarlos. Es importante la supervisión de un profesional de la salud mental en estos casos y que se apliquen técnicas específicas adecuadas a la persona y a este tipo de trastorno.

- Como única terapia cuando hay dificultades psicológicas: algunas personas confunden meditación con psicoterapia y creen que la meditación les puede “sanar”. En estos casos lo más probable es que la meditación empeore su estado, incluso aunque se disfrace de mejoría porque produzca algún estado de relajación y de bienestar.

- Meditar con un guía poco experimentado o sectario: muchas personas enseñan meditación sin un recorrido serio previo, o sin suficientes conocimientos. Llevan a otros por territorios desconocidos para ellos mismos, pues cada vez son más frecuentes las titulaciones de meditación, sin exigirse una base adecuada o una suficiente práctica y experimentación. En este tema, es fundamental que quien nos guía tenga años de práctica en el camino de la meditación, muestre unos mínimos de equilibrio psíquico, humildad y sentido común. En los casos en los que haya diagnóstico psiquiátrico es preferible hacer la práctica con un profesional de la salud mental, también experimentado en el tema.

En caso de duda, si queremos meditar, mejor consultar con un profesional de la salud mental que también sepa sobre meditación y/o con un maestro que tenga amplia experiencia en el tema. También es importante señalar que según el tipo de meditación, tendrá más o menos riesgos o más o menos beneficios según el momento personal, etapa del camino, etc.

viernes, 23 de junio de 2017

¿QUÉ LE PASA A UN NARCISISTA?

Imagen de Pixabay (cristinaureta)

Vivimos, en una sociedad narcisista y en nuestro mundo actual sufrimos una auténtica epidemia de narcisismo, de la que ya vemos diversos efectos en las relaciones interpersonales, dinámicas sociales, etc.

De ahí que sean cada vez más frecuentes diversas publicaciones en revistas, periódicos, internet, libros, etc. sobre cómo son los narcisistas, sus relaciones, sus dinámicas laborales, etc. En casi todas ellas se señala con el dedo a los narcisistas como si fuesen las causantes de todos los males de nuestra civilización, desde una perspectiva negativa y pocas veces con empatía hacia ellos, a pesar de que se dice que son personas dañadas, vacías, etc. De hecho, en algunos casos hasta se podría decir que se dan insultos y ataques muy explícitos y directos, tratándoseles como si no fueran personas.

Con lo que digo no pretendo entrar en una argumentación justificatoria de sus acciones, ni en una empatía que nos haga perder la perspectiva, hasta el punto de no marcarles límites o de no mostrarles alguna verdad acerca de sí mismos… Pero sí quiero hacer un acercamiento empático, para intentar aproximarme un poco a lo que pueden vivir por dentro y poder entender el por qué llegan a comportarse como se comportan. Quizás así sea más fácil la comprensión objetiva de un fenómeno difícil de comprender y que corremos el riesgo de abordar también narcisistamente… es decir cosificando y etiquetando, para después desechar a quien no nos sirve para nuestra propia satisfacción.

Así que… ¿qué le pasa a un narcisista? De entrada añadiré el calificativo de persona, diciendo ¿qué le pasa a una persona narcisista? No olvidemos que son personas, aunque caigan en la cosificación de sí mismos, tal y como hacen con los demás. El etiquetaje de su persona globalmente como “narcisista” solamente puede empañar más la visión clara de quién es aquél que padece narcisismo. Tampoco olvidemos que todo ser humano se puede comportar en algún momento narcisistamente, así que el narcisismo es algo que forma, seguramente, parte de nuestra sombra y que no podemos solamente ver en los demás. Pensemos también en nuestro/a narcisista interior. Es decir, la parte de nosotros que puede pecar, en algún momento, de narcisismo.

Recordemos que alguien narcisista ha nacido como todo el mundo, ha sido bebé, niño, adolescente, etc. Es decir, ha nacido persona… y después parece haber perdido algo en el camino. Algo fundamental, la consciencia profunda y real de ser alguien sólido y valioso... Se ha convertido en “cosa” para el uso y disfrute de otros y para también usar y disfrutar de otros, que se convierten en cosas. De este modo puede vivir en la ficción de que es querido, sin ser consciente de que “se quiere” al falso “personaje” que despliega ante los otros. Esta es una de las acusaciones que hacemos habitualmente a las personas narcisistas, sin darnos cuenta de que el mecanismo que usa de ser “personaje” no es ni intencionado ni consciente, si no un mecanismo de pura supervivencia, con la sensación de que le va la vida en ello, desde su más tierna infancia, quizás por ser cosificado y “usado” por padres que narcisistamente le han utilizado para a su vez alimentar sus propios “personajes”, también inconscientemente. Ciegos guiando a otros ciegos… 

Para entender todas estas dinámicas que llevan a que las personas se despersonalicen narcisistamente, hace falta salirse un poco del cuadro y tomar más perspectiva… Por un lado para tomar la suficiente distancia para no ser “usados” por ellos, por otro para comprender mejor y volver a acercarnos con la suficiente consciencia para lidiar con un mal que padecen, sin entrar en un rol de víctimas o de salvadores. Sin dejar que su potente juego de sugestión nos meta en el rol que les complementa y satisface... algo en lo que se muestran especialmente hábiles.

También me gustaría parar a analizar alguna de sus “difíciles” dinámicas, por si a alguien le sirve para reflexionar:

- Seducción y afán de protagonismo: las personas narcisistas necesitan “fans” para alimentar una identidad que no saben que es falsa. Viven en la ilusión de que son el “personaje” que venden a los demás es su vida y de que su supervivencia (es cuestión de vida o muerte), depende de que los demás se sientan satisfechos con el rol que representan y les “quieran”. Pero en el fondo esto no les satisface más que momentáneamente, pues en lo más profundo de sí mismos, “saben” que el amor que consiguen no es a su ser real, sino a la máscara que representan para agradar a los demás, con la sensación de que nadie les acaba de llenar y de que ninguna adulación es suficiente. No saben que les falta la verdad sobre sí mismos, les falta ser ellos mismos realmente. Pero como están desconectados de su ser real no lo saben y siguen buscando quienes son en lo que los demás les dicen, sin darse cuenta de que la respuesta está fundamentalmente dentro de ellos.

Imagen de Pixabay (Eirena)

- Refuerzo intermitente: es una de las dinámicas que realizan en la que dan señales positivas a los demás, por ejemplo adulan, estimulan, animan se muestran receptivos, pero de repente ¡zas! ¡no están! Esto suele dejar bastante desconcertados a quienes se relacionan con ellos, e incluso ser doloroso para quienes padecen alguna herida de abandono, que pueden sentir que han hecho algo que merece ese castigo y entran en un gran desconcierto y ansiedad (si hay alguna predisposición a ello). En estos casos, las personas inseguras se culpan y las más seguras se pueden dar cuenta de que el otro tiene una conducta extraña e incomprensible, sin engancharse… Pero ¿qué le pasa a la persona narcisista cuando desaparece después de ser tan amable y encantador? Pues posible que a veces se canse esa de esa escenificación constante. No es posible sostener un papel todo el tiempo. Algunos así lo dicen. Otros se sienten en un momento de fracaso, al no haber encontrado la aprobación esperada y se deprimen y llegan incluso a una sensación de no existencia. Otras veces súbitamente se pone de manifiesto ese gran vacío e inconsistencia que prefieren que nadie vea y prefieren esconderse, a pesar de lo desconcertante que es una soledad en la que no tienen espejos que les digan que son los más bonitos y que existen. A veces, cuando desaparecen, están en un estado tan lamentable que prefieren no ser vistos por si son reconocidos como un fraude y se cae, literalmente, su identidad (falsa, pero para ellos real) y su vida.

- Sentimientos de grandiosidad o de superioridad: es el personaje en el que necesitan creer para tapar su gran vacío de yo. No se ven a sí mismos y al “percibir” su no existencia necesitan crear un dios en sí mismo que les sostenga. Es una compensación de un gran vacío y complejo de inferioridad, a través de la aparente superioridad y grandiosidad. Detrás de la máscara tendremos a un niño asustado y perdido que busca que le quieran porque hace muy bien lo que cree que quieren los demás.

- Intolerancia a la crítica, con enfados desproporcionados ante la misma: como en el fondo su yo es muy frágil, una crítica es una gran amenaza para sostener un montaje falso, y nuevamente pueden caer en el vacío de la no existencia, siendo un estado que es de lo peor que pueden sentir. También les enfada que el “espejo” (quien les critica) que les ha de devolver una imagen positiva de sí mismos no funcione, y en lugar de cuestionarse a sí mismos, dado que hay poco de sí mismos real en el “personaje” (al menos a nivel consciente) , el mecanismo automático e infantil es enfadarse con el “espejo” que no transmite la imagen adecuada que les sostiene para poder vivir.

- Falta de compromiso: para comprometerse con algo es necesario existir previamente y ser consistentes y maduros, algo de lo que carecen…

- Falta de conexión real con los demás y falta de empatía: al no estar en conexión con ellos mismos y al carecer de empatía y sensibilidad hacia ellos mismos, es imposible o muy difícil que puedan hacerlo con los demás.

- Explotación de otros: no ven realmente a otros y dado que permanentemente se explotan a sí mismos obligándose a cumplir un rol con el que están esclavizados, ven normal explotar a otros. Esto también está unido al hecho de que no se ven a sí mismos y por lo tanto tampoco al otro, y si ven algo del otro es que es ese alguien es una “cosa” al servicio de mantener su supervivencia y sus planes. Su perspectiva tan egocéntrica les impide ver más allá de sus propios deseos de supervivencia y de grandeza, en el autoengaño permanente de que sus proyectos son lo más importante del mundo (su mundo, no ven otro mundo) y de que el fin justifica cualquier medio. El otro es un apéndice de ese “personaje” interior que les subyuga, así que el otro debe seguirles el baile, porque si no dejarían de “existir” y su dios de barro se caería.

Con respecto a lo dicho, creo que es importante comprender las dinámicas que hay detrás de los comportamientos inadecuados de este tipo de personas. No por señalarles con el dedo y humillarles, sino por entender la gran herida de amor y de existencia que subyace a quienes padecen estas dinámicas. Pero también evitando ser sus salvadores y marcando los límites ante sus conductas abusivas, sin perder la perspectiva de que como seres humanos que son merecen ser amados en su ser real. En ellos también existe un ser valioso que fue “secuestrado” o que nunca pudo encontrarse a sí mismo, por ejemplo por las dinámicas narcisistas familiares que le impidieron ver quién era. Esta situación se puede dar tanto por una excesiva exigencia como por una excesiva permisividad, lo que suele llevar a un potente engaño acerca de su verdadera identidad y a una no consciencia de que también tienen derecho a que su ser real se manifieste y reciba un amor auténtico desde su libertad y la de otros, para llegar a la autoestima, que como todo el mundo merecen. Y que también merecen los demás que les rodean y que lamentablemente, sufren las consecuencias de sus heridas. 

Recordemos, por si ayuda, que son niños perdidos que necesitan encontrar el camino a casa. Su casa es su ser real y su derecho a existir siendo quienes realmente son.

Imagen de Pixabay (mario0107)

jueves, 25 de mayo de 2017

¿SOMOS TODOS NARCISISTAS?




Hace unos días escuche decir a alguien: “todos somos narcisistas”. Después de escuchar esta rotunda afirmación me quedé pensando en cómo dar una respuesta adecuada a semejante idea. ¿Realmente somos todos narcisistas? En una sociedad tan narcisista como la nuestra es posible que muchas personas asientan y digan que sí… Pero considero que en esta cuestión es preciso matizar muchas cosas, que serían excesivamente extensas para las pretensiones de este post, pero sí me atreveré a señalar algunas que me parecen más relevantes.

Me parece que nuestra cultura tiende a favorecer el narcisismo por varios motivos: la sobreprotección a los niños que no les deja desarrollar una identidad madura, la ausencia de límites en la educación que no permite aprender tolerancia a la frustración, el excesivo refuerzo de la apariencia exterior y de nuestros logros, la excesiva identificación con la imagen que proyectamos hacia el exterior en parte por el constante bombardeo mediático que nos dice que somos lo que parecemos, el culto a la imagen, etc. Desde luego que estos y otros factores pueden favorecer que nuestra cultura sea una fábrica de personas, en mayor o menor medida, narcisistas. A esto añadiría que el tener padres inmaduros, inseguros y/o también narcisistas puede ser parte del caldo de cultivo que favorezca este tipo de actitudes o comportamientos.

Pero… que haya actitudes narcisistas, comportamientos narcisistas o rasgos narcisistas, en muchas personas, no significa que “todo” el mundo ES narcisista. Ser narcisista implica que uno casi todo el tiempo se comporta en modo narcisista. A esta forma de ser casi permanentemente narcisista se le llama trastorno de personalidad narcisista, con repercusiones muy negativas para el propio narcisista y para quienes se relacionan con quien lo padece. En estos casos se mantienen estables en el tiempo unos patrones de comportamiento ególatras en los que un yo, que en el fondo es muy frágil, intenta sostener una identidad ficticia que “vende” a los demás. La persona que tiene un trastorno de este tipo se comporta en casi todas las situaciones como si fuera superior a los demás (y así se cree), necesita admiración constante y es incapaz de empatizar con otros, ya que está demasiado pendiente de sí mismo… Los que son más inteligentes lo hacen de un modo tan sutil que no percibimos su teatro y nos quedamos con la impresión de estarnos relacionando con personas encantadoras y especiales, dado que pueden vender muy bien su “moto” y seducirnos con facilidad, hasta que empezamos, con el tiempo, a captar diversas incongruencias (una salida de tono inesperada, una hipersensibilidad o reacción exagerada a una crítica, el no respeto a los deseos de otro, la falta de empatía real ante las necesidades de otra persona, el no tener ninguna intención de rectificar un error o no disculparse por el mismo, etc.).

El/la narcisista está pendiente de mostrar un personaje que se empeña en representar a quienes le rodean, para seducirles. En realidad no se ve a sí mismo y por eso tampoco puede ver a los demás, ni sus necesidades, ni sus sentimientos, ni su sufrimiento, ni sus virtudes, etc. Es más, las virtudes de otro son molestas para alguien así pues le ponen de manifiesto sus propias carencias… Además, tiende a interpretar mal a los otros, les malinterpreta, ya que no es capaz de ver la perspectiva ajena.  Incluso llega sentirse molesto por las demandas de ayuda razonables de otras personas (excepto que quiera salir en la “foto”) y no tolera ningún tipo de crítica hacia él, pudiendo reaccionar ante las mismas con gran frialdad y/o hostilidad.


Otra característica importante de alguien narcisista es que está muy ocupado en sus propios proyectos personales, en los que si embarca a otros es para que sigan “lo suyo”, para sus propios objetivos de éxito, poder, etc. Su proyecto está claramente orientado desde él y para él, con poca opción de diálogo para hacer un proyecto conjunto o con algún aspecto de trabajo horizontal. En esa verticalidad veremos que tiende a la explotación interpersonal de forma recurrente, autoengañándose de tal forma que cree que hace un favor a quienes implica en sus planes. Si se agrupa con otros no es porque los otros le importen sino porque le sirven para sus fines, dado que es alguien especial. Además suele ser envidioso (pues en el fondo hay un complejo de inferioridad) o cree que son los demás quienes le envidian.

Con este tipo de personas es muy difícil relacionarse, porque no son capaces de mirar más allá de la imagen que quieren sostener de sí mismos, algo que lleva mucha energía para que no sea detectada la farsa. No son capaces de ser quienes son realmente, aunque hablen con propiedad y aparente sabiduría de autoconocimiento, etc. No se captan a sí mismos y, por ende, no pueden ver quienes son los demás. Lo curioso es que pueden embarcarse en proyectos de ayuda social, pero veremos siempre será desde discursos grandilocuentes, grandes verdades y atacando a quienes no piensan exactamente como ellos. Pueden llegar a hacer alguna actividad solidaria, pero siempre desde el sostenimiento de un personaje que quiere sentirse superior, no desde la percepción y sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Cuidado con los narcisistas que dicen estar embarcados en proyectos solidarios, con que se embarcan en grandes gestas, pero que no pueden escuchar el dolor de un vecino, amigo, compañero, etc.

Volviendo a esa la afirmación de “todos somos narcisistas”, no me parece que realmente haya tantas personas así. Todos conocemos a buenas personas, capaces de escuchar, empatizar, sentir dolor por el sufrimiento ajeno, ser capaces de responder a necesidades de otras personas, etc. Si todo el mundo fuera narcisista es posible que el mundo se viniera abajo en cualquier momento.

Quien hace una afirmación como la de “todos somos narcisistas” creo que, o bien hace una generalización excesiva a partir de alguna percepción de la realidad excesivamente susceptible al narcisismo o, quizás, desde una cierta proyección del propio narcisismo. Cuando se afirma algo tan tajantemente considero importante reflexionar acerca de lo que podemos estar proyectando de nosotros mismos en el mundo exterior, algo que todos hacemos de una u otra forma...

Otra cuestión a tener en cuenta sería lo que podemos llamar  un “narcisismo sano”, que se manifestaría, por ejemplo, en la sensación de que es agradable gustar a otros, lograr algún tipo de reconocimiento por nuestros logros y percibir que somos queridos por otras personas. Pero en el caso del narcisismo sano no se sufre cuando no se es el centro de atención, ni se busca admiración ni reconocimiento constante, y se es capaz de mirar hacia la realidad personal de otros.

Quizás en todos nosotros haya diversos grados de narcisismo sano y patológico, según los momentos. Pero otro tema es estar permanentemente en una pose narcisista que encubre grandes carencias de quien no puede mostrarse tal como es y compensa inconscientemente sus vacíos con una visión idealizada de sí mismo.

Seamos o no narcisistas, intentemos mirar más allá de nosotros mismos con humildad y veamos la realidad ajena como una realidad tan digna e importante como la propia, que también es fundamental que nos atrevamos a mirar en profundidad, para conocernos mejor. Quizás así podamos irnos vacunando de una realidad que puede ser tan dañina para muchos, tanto para quienes lo padecen como para quienes sufren el relacionarse con alguien que está tan perdido y desconectado de sí mismo… Tengamos también empatía hacia esas personas que por estar tan incompletas y dañadas necesitan ser amadas incondicionalmente, pero pongamos los límites para que esa voracidad de ser del vacío del narcisista no nos dañe. Respetemos también nuestra propia dignidad y construyamos un amor sano a nosotros mismos, para no depender del reconocimiento o la atención ajenos.

viernes, 5 de mayo de 2017

DE LA INSEGURIDAD A LA AGRESIVA “ASERTIVIDAD”. UN EFECTO SECUNDARIO DE LA AUTOAYUDA Y LAS PSICOTERAPIAS LIGHT



Últimamente me ha resultado curioso un fenómeno que he observado en algunas personas que, según dicen, se han ido “trabajando” a sí mismas…  Anteriormente eran personas inseguras, incluso demasiado complacientes y que muchas veces eran arrastradas por quienes les rodeaban y no sabían decir que no…

Posteriormente, tras su “proceso” su conducta se ha vuelto excesivamente reactiva y hostil ante lo interpretan una imposición por parte de otros, cuando se les proponen algo de forma directa o se les pide algún tipo de colaboración o ayuda. Es decir, viven la propuesta de otra persona como “ataque”, o quizás se están entrenando en esa nueva pauta de conducta “asertiva” para autoafirmarse frente al mundo, precisamente porque no están realmente firmes. La cuestión que parece  moverles a actuar así suele tener que ver con una inseguridad que les lleva a tener  con decir no a toda costa, te digan lo que digan, en una especie de afirmación reiterativa del propio ego, que aún se mueve con gran inseguridad a la hora de hacerse respetar. Por eso su NO, es una especie de sí a una posición que consideran de fuerza y de seguridad, sin ser conscientes de que la fuerza y la seguridad tienen mucho que ver con flexibilidad, apertura y el poder decir sí o no desde la serenidad y la consciencia. En muchos de estos casos de inseguridad negadora y reactiva vemos agresividad, que no asertividad (como nos quieren vender), y en el no compulsivo un intento fallido de autoafirmación desde la fragilidad y la ausencia de un yo firme y real.

Otra variante del mismo fenómeno es su empeño en tener que decir lo que piensan, sí o sí, independientemente como se sienta el otro, pues “son así” y se “están expresando”. Confunden la expresión impulsiva y automática sin libertad ni autocrítica con la libertad real.

Llama la atención, por otra parte, como estas personalidades reactivas responden sumisamente ante la adulación, seducción o cualquier otra táctica indirecta de manipulación. Es decir, juegan al no y a la autoafirmación cuando se les plantea algo directamente, pero al tratarse de personalidades inmaduras son totalmente vulnerables a las formas indirectas de manipulación.

El problema es que se venda esto como desarrollo personal, autoestima, o asertividad, cuando simplemente se mantienen actitudes agresivas, egocéntricas o autoritarias. Cada vez me da más la impresión de que este es uno de los efectos secundarios de ciertas psicoterapias light y de la lectura de libros de autoayuda o incluso de la psicología sin tener una adecuada base teórica y una personalidad mínimamente formada.

En estos casos parece que más de un trabajo de maduración, se ha dado un trabajo de desarrollar un ego caprichoso y egoísta que sigue siendo inseguro, pero que ha desarrollado formas externas de autodefensa, que sigue estando, desde la inseguridad y el infantilismo, con una actitud de “yo frente al mundo”.

Quizás, si se desarrollara una sana autoestima y autocompasión, donde uno se valora y se ama, respetándose es más probable que encuentre su auténtica posición, su auténtico ser con una estructura dotada de flexibilidad y apertura. Así, entonces no se trataría de defenderse, sino de posicionarse, expresarse y respetar a los otros desde el autorrespeto y el amor por sí mismo, lo que llevaría a también poderse poner en el lugar de los demás, sin entrar en hacerse propaganda de la superasertividad conseguida, o sin agredir a otros para manifestar la propia posición. Poner de manifiesto los límites con amor y respeto es también un respeto a uno mismo. Pero para ello es preciso un proceso de maduración, de tolerancia a la frustración, de capacidad de escucha y de autoconocimiento, etc. que lleva su tiempo, que es toda una artesanía vital en la se llega a que finalmente algo fluye en uno desde la serenidad y la consciencia real de las propias limitaciones, con humildad y consciencia de la propia realidad y de la realidad ajena. Sólo así puede fluir un amor y una conexión real con los otros, producto de lograrlo antes con uno mismo. Esto no nos lo puede dar ni un libro de autoayuda, ni una psicoterapia light express. Lleva su tiempo y siempre ha de estar unido a grandes dosis de humildad y de aceptación de la propia vulnerabilidad.


Si alguna vez nos venden como parte de nuestro proceso una asertividad agresiva, cuidado, pues en lugar de ir hacia delante es posible que estemos yendo hacia atrás… Si alguna vez nos encontramos con sufrimiento y dolor al marcar los límites a otros, también es probable de que nuestra supuesta asertividad no sea sana y que más bien se trate de una forma encubierta de agresividad.

miércoles, 26 de abril de 2017

LOS OTROS DESFAVORECIDOS. ¿QUÉ PASA CON EL SUFRIMIENTO PSÍQUICO?


Son numerosos los discursos que hablan de la ayuda a los más desfavorecidos. Se dan tanto desde las diferentes religiones, en las que por ejemplo se plantea la importancia de ayudar a los pobres y de la caridad, como en las opciones políticas en las que se habla de igualdad y de solidaridad. En ambos casos se pone de manifiesto el elemento solidaridad y una sensibilidad ante las necesidades de quienes sufren. Algo loable e importante, siempre y cuando no nos quedemos en un discurso moralista o en un narcisismo en el que pretendemos ser nosotros quienes arreglemos la vida a los demás.

Cualquier iniciativa que disminuya las injusticias y desigualdades en este mundo me parece bien, si se hace desde el lugar adecuado y equilibrado, viendo a los más débiles como iguales que se pueden llegar a valer por sí mismos, ayudando a combatir la injusticia que les empobrece, generando redes y sistemas que favorezcan la dignidad humana, su autonomía, etc.

Pero ante todo estas cuestiones muchas veces me surge la reflexión acerca de otras personas desfavorecidas, que quizás sean aún más pobres que los pobres materiales, al no ser escuchados realmente, o ser, en general, bastante ninguneados.

A los que he llamado “los otros desfavorecidos” son aquellos que sufren por causas psíquicas, que  han sido víctimas de maltratos e injusticias que les han dañado anímicamente, que en otros casos sufren por trastornos mentales que les incapacitan, o que simplemente viven un sufrimiento o vacío en el alma que les deja en la cuneta de la vida, muchas veces sin poder siquiera articular unas palabras que inspiren la compasión de los que transitan por las vías principales. Estos indigentes anímicos (que podríamos ser todos en un mal momento) suelen ser ignorados, incomprendidos, etiquetados como “tóxicos” o percibidos como personas molestas que encima piden o reclaman cariño o atención.  Cuando lo que quizás soliciten, en el fondo, es una comprensión humana y real, alguien que les escuche y les trate como personas normales, el saber que hay salidas, que hay esperanza de superar sus propias dificultades o de aprender a vivir con ellas y que son igual de humanos que los demás.

Al hilo de esta ideas me parece muy lúcida esta reflexión:
"Soy amante de la vida y como amante de la vida, no puedo estar fuera de ningún campo vital. Por lo que, cuando camino por una aldea pobre de la India y la gente tiene hambre, o está enferma porque carece de agua potable ¿cómo puedo dejar de responder a ese sufrimiento? Cavamos pozos nuevos, creamos suministros de agua clara, y enseñamos a conseguir cultivos más abundantes.
Cuando voy a Londres, o a Chicago, o a San Diego, también me encuentro con sufrimiento, no una carencia de agua potable, sino el sufrimiento de la soledad y el aislamiento, la falta de alimento espiritual y comprensión. Del mismo modo que alguien responde de un modo natural a la falta de agua potable en las aldeas, respondemos a la falta de comprensión y paz en los corazones de los occidentales. Como amante de la vida ¿cómo puedo separar una parte del todo?"
Vinoba Bhave


En general es mucho más fácil prestar atención a las realidades de pobreza material que a las situaciones de indigencia anímica y también es mucho más fácil el erigirnos en salvadores del mundo si damos limosna, colaboramos con ONGs, parroquias o partidos políticos que intervengan en aspectos materiales de la pobreza de este mundo. Todo ello tiene su importancia, pero también diversos riesgos de no ver la realidad de una forma global... Sin quitar valor a este tipo de intervenciones, me planteo muchas veces si el abordaje del sufrimiento de los seres humanos se hace de forma global y si no estamos abandonando a la indigencia emocional y espiritual a aquellos a quienes no entendemos… Quizás no les entendemos por no saber entender y tolerar nuestras propias limitaciones o a nuestras partes más frágiles y desequilibradas, cuando actuamos así. El mecanismo habitual es cerrar, dentro de nosotros, la puerta a los elementos anímicos interiores que nos perturban, lo que es terreno abonado para la incomprensión de los que sufren por causas psíquicas a nuestro alrededor. Es decir, acabamos tratando a otros como nos tratamos a nosotros mismos, y así podemos desconectarnos de la sensibilidad ante el sufrimiento ajeno para sentirnos seguros, asertivos o incluso valientes. ¡Qué paradoja!

La cuestión más profunda considero que ha de ser más global. Incluso para combatir la pobreza material, de forma más adecuada, es necesario la transformación de nosotros mismos, de nuestras consciencias. No podemos arreglar la casa de los demás si no arreglamos la nuestra. No podemos atajar las causas de la injusticia y de la desigualdad sin intervenir en las consciencias individuales, empezando por desarrollar la nuestra de la mejor forma que nos sea posible. Al menos desde la humildad, con un diálogo abierto con la realidad y con los demás, sin dar por supuesto que sabemos lo que no sabemos...

En este sentido Kishnamurti lo dice muy claro en este vídeo:

Os recomiendo también el documental "En busca de sentido" documental en el que se plantea el tema del desarrollo sostenible, la superación de la injusticia económica, etc., desde una visión profunda conectada con la transformación de nuestras consciencias individuales en primer lugar: